La recompensa

No sé por qué la policía no puede simplemente creerme cuando digo que dedico todo mi tiempo, dinero y energía en alimentar a las palomas callejeras por pura afición. Es un hobby, y que yo sepa no tiene nada de ilegal. Es un simple pasatiempo y debe respetarse como los otros. De igual manera que no se hacen redadas en asociaciones filatélicas, no veo por qué a mí se me obliga a enseñar la documentación y vaciarme los bolsillos cada vez que voy a alimentar con pan duro a los patos del parque.

Para los organismos de seguridad siempre tiene que haber un oscuro y maligno propósito tras todas las acciones un poco raras. Te invito a que lo compruebes: empieza a hacer algo que no te corresponda generacionalmente, como puede ser pasarte el día en una tienda de golosinas o quedarte dos horas observando como un grupo de paletas levanta un andamio,  y en menos de lo que crees tendrás a dos agentes de la ley plantados encima de tu felpudo. Te pedirán que les enseñes tu permiso de conducir y te preguntarán si estás conspirando para derrocar al gobierno. Te dirán que estés localizable en todo momento y que no salgas del país durante los próximos meses. Vete a saber de qué estupidez te intentarán acusar a ti, pero en mi caso les ha dado por pensar que estoy adiestrando a los pájaros de la ciudad. Están convencidos que intento formar un ejército emplumado para sojuzgar la sociedad occidental.  Realmente piensan que dejé mi trabajo, pedí un préstamo para comprar veinte toneladas de alpiste, y abandoné a mi familia con el único propósito de ganarme la confianza y servidumbre de un montón de monstruos alados en miniatura. Es una auténtica majadería, ¿verdad? Yo alimento a los pájaros en intervalos de tiempo aleatorios y con series de cinco repeticiones simplemente porque me apetece. Establezco rutinas y uso el método del refuerzo positivo sin segundas intenciones. Yo solo les doy de comer justo después de enseñarles esa secuencia de código morse que hago con la ayuda de una linterna, y mientras toco ese silbato tan estridente, para matar el tiempo. Yo solo me pongo una máscara de carnaval con plumas y gesticulo como si fuera una azafata sufriendo un ataque de epilepsia para indicarles las piruetas aéreas que quiero que hagan como quien hace papiroflexia o crucigramas. Y si luego el mundo aviar quiere recompensarme sacándole los ojos a quien me moleste, y si luego las especies ovíparas desean nombrarme su caudillo y obedecer mis órdenes y defecar encima de los coches y abrigos de mis enemigos, no habrá otra opción que interpretarlo como una  simple muestra de agradecimiento. Como una recompensa justa y proporcional y en absoluto planeada.

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