Lo legítimo

Si los niños no tenemos derecho a votar, a conducir y a ponernos finos a absenta hasta la mayoría de edad, tampoco deberíamos tener derecho a cumplir nuestros sueños hasta esa misma fecha. Digo yo, eh. Llamadme clasista si queréis. Llamadme carca o tocapelotas en miniatura. Me da igual. Lo que digo es que debería ser ilegal que los padres de Claire decidan montarla en un ala delta y que le hagan sobrevolar el valle y los acantilados del parque nacional justo en la puesta de sol. Que tiene seis malditos años, joder. Y todo porque a la niña le dio por hacer cuatro garabatos con lápices de colores encima de una libreta. Los padres dicen que encontraron ese maravilloso dibujo, en el que aparecía toda su familia sonriente y cogida de la mano mientras sobrevolaban prados y colinas con este trasto que inspira tan poca confianza pegado a la espalda. Y claro, asumieron que ese dibujo representaba los sueños de su pequeña y decidieron cumplirlos. Decidieron gastarse un dineral y poner la vida de la cría en peligro por una interpretación personal. Pero es que lo del dibujo no se lo cree nadie. Y yo todavía menos. Que Claire va a mi clase y sé cómo dibuja, eh. Una vez me enseñó un retrato de su perro y aquello parecía un test de Rorschach. No me puedo ni imaginar el ángulo desde el que tienes mirar uno de sus “dibujos” para identificar la silueta de algo similar a un ala delta. Nada, estoy convencido de que fue el padre, o quizás el hermano mayor, el que falseó el dibujo de Claire para que el resto de la familia le pagara y consintiera el capricho. Por eso, para que los críos podamos protegernos de los deseos casi homicidas de nuestros progenitores y familiares cercanos, propongo que se castigue por la vía penal todos los supuestos sueños de infancia que se alcanzan de manera prematura. Lo siento, pero yo no quiero que nadie me use de excusa para satisfacer sus filias. Y lo digo bien alto; no es legítimo que me hagan feliz antes de que aprenda a atarme los cordones. Ya decidiré yo cuando tenga pelos en la entrepierna si lo de comer hormigas es mi leitmotiv o un simple capricho de mi quinto verano de existencia. Dejadme unos cuantos años más de vida para tener claro si este sentimiento raro que tengo hacía los animales de granja es simple empatía o algo por lo que me podrían encarcelar en varios estados.

Y espero que mi muy probablemente impopular propuesta llegue rápido al senado y sea aprobaba por mayoría absoluta, que el otro día vi a mi madre rebuscando en el lapicero e iniciando los bocetos de algo que parecía ser un niño con mi mismo peinado adiestrando un puñado de tigres de bengala.

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