La minoría silenciosa

Dime, ¿a cuántos muertos intentas impresionar? La pregunta es, ¿sabes a cuántos cadáveres has invitado a tu próximo evento? No, en serio ¿A cuántos finados más les piensas seguir poniendo morritos? A ver, esto es cuestión de estadística. Tienes como mínimo a un muerto entre tus amistades, seguidores, contactos, o derivados, y ni te habías enterado. Esto son matemáticas básicas. Por cada trescientos contactos que tengas registrados en tus redes sociales hay por lo menos uno que ya la ha espichado. Puedes comprobarlo. La gente a la que agregaste hace tiempo y que este pasado verano no compartió y/o criticó tus fotos en bañador, es probable que ya esté en otro sitio. Puedes comprobarlo. A partir de los seiscientos contactos esta funesta tabla de conversión se actualiza y se intensifica. Y se recrudece. Si tienes más de mil seguidores ya es como si visitaras una cripta cada vez que pillas wi-fi. Si tienes tres mil contactos o más es como si cada día le gritaras tus opiniones a todas las lápidas de un cementerio

Pero tampoco te obsesiones. No vayas tomando el pulso a cada amiguito virtual. Por favor, no te las des de investigador de homicidios o te llevarás una sorpresa desagradable. Yo solo te lo digo para que lo sepas, para que estés prevenido. Una cosa es intuir que la gente que perdemos el tiempo en internet no somos inmortales, y otra cosa es comprobarlo. Otra cosa es ir a un perfil y leer siglas y ver lazos negros en la sección de comentarios. No compruebes las constantes vitales virtuales de la gente con la que no recuerdas tu última conversación. De lo contrario entenderás que ningún filtro va a embellecer tu nicho. No. En lugar de realizar un escrutinio necrológico tú solo fíjate en esto; Si hace tiempo que alguien no postea un video de gatitos, si hace tiempo que alguien no publica el resultado en ese test que te dice qué personaje eres de Juego de Tronos, de Breaking Bad, de Barrio Sésamo, está muerto. Si alguien no predica qué canción de los ochenta sería. Qué producto de menaje del hogar. Qué dios nórdico. Muerto. Qué tipo de complemento para el gin-tonic. Más que muerto. Si no tienes ni idea de qué princesa Disney le pega más a la personalidad de esa persona a la que le has perdido la pista y en la que estás pensando ahora mismo, ni lo dudes. Muerto y enterrado.

bampw-black-and-white-dead-ghost-favim-com-536065

Mi consejo es que omitas todo esto y que no investigues ni te preocupes. Sigue como hasta ahora. Como hasta ahora pero prevenido de lo que hay. Prevenido y consciente de que vivimos tiempos aciagos en los que un voto positivo, o un me gusta, o como le quieran llamar a ese botón que si se ilumina significa “estuve aquí” y “gasté un poco de mi tiempo aquí, contigo pero sin ti” significa más que un abrazo. Vivimos tiempos raros en los que le estamos pidiendo vidas del Candy Crush a gente que ya no respira. Y lo hacemos porque esos dígitos que aparecen en un cuadradito al lado de esa foto y nombre a la que llamamos yo, los consideramos más números que personas. Y esto es bidireccional, eh. Nosotros también somos una de las muchas almas difuminadas detrás de un icono en el cuadradito de otro. Y eso no está ni bien ni mal, está fatal, pero ese es otro tema. Otro tema ñoño de scorpions.

Mi consejo, decía, es que no te asustes si descubres algún cadáver, no borres a la gente embalsamada que tengas por ahí por esa falsa sensación de malestar que te invadirá al principio. No elimines ese vínculo digital que se estableció entre ti y otro alguien por vete a saber qué azar. Mantén bien cerca a esa minoría silenciosa a la que no podrás impresionar o irritar por mucho que lo intentes. Y no te lo recomiendo con fines sentimentales ni pseudo espirituales, sino puramente económicos. Piensa que llegará un día en el que venderemos perfiles en las redes sociales en las que tengamos agregados a X persona fallecida. Y habrá gente que los coleccionará como si fueran cromos. Los muertos no pueden actualizar sus círculos ni expandir o contraer sus amistades e intereses, y eso valdrá dinero. Al tiempo. Subastaremos perfiles como se subastan bates y guantes de béisbol autografiados por Di Magio. Y las pujas se dispararán. Venderemos esa prueba de un encuentro de dudosa intensidad, ese “estuvo aquí durante un rato”, ese “estuvimos aquí, juntos, para compartir algo que no importaba demasiado” y le sacaremos beneficio económico. Así que cuando te salte el próximo recordatorio de un cumpleaños de alguien que no ha dicho nada acerca de ese enlace que has colgado y que recopila las doce fotos más divertidas de cachorros disfrazados de astronauta, ya sabes. Ni te molestes en felicitarlo. Está muerto. Y si comparto esto es porque espero que todos hagamos lo que propongo, que alguien lo haga conmigo. Así, quizá, dentro de un tiempo cuando ya hallamos estirado la pata, seguiremos recibiendo actualizaciones de mierda de alguien que nos mantiene vivos en diferido. Y esa estela de nosotros que dejamos  en internet revivirá durante un rato, aunque solo sea en la realidad por omisión de alguien que intenta rentabilizar nuestra existencia ya finiquitada.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s